miércoles 9 de diciembre de 2009





El armario.

Una puerta.

Dos pomos.

En el interior,

un zapato habla

de otro zapato:

un zapato de bisel,

que suena al caminar

el aire entre sus pies.

Se ríen.

Y descasan,

un poco.

Hasta mañana

por la mañana.






"El escritor es aquel al que escribir le resulta más difícil que a las demás personas."
Thomas Mann

martes 27 de octubre de 2009











-Ni por un ratito de inmortalidad podría concederle mi última exhalación.

-No le pido tanto...

-En realidad, mucho más. Exije usted que un pájaro aterrice. ¡A estas alturas de la película!

-Tan sólo una melodía más suave...

-¿Y después?

-Un silencio breve.

-Tras los silencios breves, vendrán otros más largos...

-Da igual, creo que tenemos tiempo de sobra.

-(Suspiro) La verdad, nunca creí que sería así la eternidad...

-No rechiste tanto y toque como le digo. ¡A estas alturas!













¿A dónde habrán ido? Aquellas hojas de noviembre...



.

lunes 21 de septiembre de 2009





Rasca su aritmética
compleja


(así desliza su primer acorde).


Lunes.


Desgaja un postrer ingenio
en la guitarra,
una guitarra primeriza.


Viernes.


Se despierta,
un domingo por la mañana,
depereza una sonrisa,
y deja que los retazos
del último sueño
planteen el orden del día.

¿Tocará hacer acto de presencia?

¿Ausentarse vagamente?

¿O poner un baño en Portugal?


...hoy, por ser jueves,
dejará que decida su sombrero.









....y que cumplas un puñado más...

martes 16 de junio de 2009




San Torcuato, esquina calle Pelayo. Un letrero roto de “Bazar”, y rótulos desgastados que parecen ofrecer loza y artículos de regalo. En los escaparates, traslúcidos de polvo y exceso de sol, un muestrario de objetos imposibles. Joyeros cuya antigüedad convierte en baratija cualquier zafiro que albergue; procelana de todo menos fina, de trasnochada moda japonesa, recuerdo de olvidados exotismos que conviven con los rulos de plástico desgastado por la espera. Ángeles con el precio pegado sobre su sexo indefinido. Pequeños rosarios que apenas dan para un padrenuestro y diez avemarías con diminutas inmaculadas que han perdido su virginidad sobre las sedas azules que cubren los escaparates, sedas raídas por la luz de tantas tardes lentas e improductivas. Navajas rojigualdas con el escudo oficial de la España de hace varios lustros, chapas de Zamora de metal herrumbroso y ennegrecido, prometiendo ser de plata, melancólicas por la ausencia de varias de ellas que han dejado un hueco en la memoria y en el polvo del mostrador. Santos de alpaca, vecinos de dispensadores de jabón y teteras que sujetan su tapa con celofanes marchitos. Barajas folclóricas que nunca aprenderán a jugar, inevitables dominós, y perfumadores de la Virgen del Carmen que separan la sección de cosmética. Ésta, en un risible intento de parecer sofisticada, pavonea sus juegos de horquillas, sus estuches de maquillaje con forma de mariposa, y diversos carmines para labios raídos, mostrando su superioridad ante los botiquines, cuyos botecitos con tapón de supositorio rojo sanarán alguna herida de juguete.

En el interior, anaqueles atestados de perfumes, lacas y espuma para el pelo, detergentes… y más cerámica japonesa de ocasión. Un hombre de rostro noble suma las cantidades en el mismo papel en el que luego envolverá el objeto más nimio, para que puedas llevarte de allí un pedazo de nuestra historia. Por muchos años.













--Toda historia es una Historia Interminable-Dejó vagar la mirada sobre sus muchos libros(...)y continuó--Hay muchas puertas para ir a Fantasía,muchacho.Y hay todavía más libros mágicos.(...)Todo depende de quién coge esos libros.--

Michael Ende,La Historia Interminable

domingo 31 de mayo de 2009





Calle Fuencarral
Un haiku desconchado
Yace en el suelo.













...a comerse la ciudad.

jueves 28 de mayo de 2009





De pequeño, a veces
masticaba
briznas de hierba.
Curiosamente,
me resistía a comer
las ensaladas,
y odiaba la lombarda.

Nunca me dio por la tierra,
ni por barros o lodos.
Si acaso algún pedrusco
que limpiaba cuidadosamente
antes de meterlo en la boca.
Luego lo hacía chocar
contra los dientes
y lo escupía,
despojado ya de su esencia,
de su jugo.

A diferencia de
los muchachos de mi edad,
obviaba los fluidos corporales,
ya fueran propios o ajenos.

Resulta curioso
el hambre que ahora despiertan
otras salivas,
el apetito
de seguir oliendo
otros cuerpos,
de volver a desayunar
hojas perennes,
sin que ninguna mirada de censura
interrumpa mi festín.











Se despidieron y en el adiós ya estaba la bienvenida
(Mario Benedetti)

lunes 25 de mayo de 2009




Abismos insondables,
noches estrelladas,
soledades,
tus ojos.

Un pareado
desconsolado,
dos nostalgias,
un verso octosilábico,
pentasílabos
con trampa,
más soledad
y dos luceros.

Primera luz de la mañana
rojo de crepúsculo
y, por supuesto,
el mar.

Un ocaso, otro abismo,
(esta vez inexcrutable),
tu querer,
más olvido,
los sueños, volar
y de nuevo el mar.



Maldita poesía.


Otra vez,
estas palabras gastadas.




Maldita poesía.











Si se trata de inspiración, la verdadera sequía es no tener sed.
I